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Inter mundos / Libro

Cada determinadas estaciones, el coraz贸n del bosque mismo devuelve algo desde sus entra帽as al mundo de los humanos.
En este caso, le insufla vida y nace…

Inter mundos

Las historias que conforman la obra se adentran en un mundo cuya premisa, la atracci贸n por lo desconocido e inexplicable, se vuelve la base fundamental de cada relato.

Temas como el miedo a la muerte, el amor, la atracci贸n por lugares rec贸nditos, la lealtad, la desidia, el misterio o las ganas irrefrenables de cometer actos atroces son los que cimentan estas historias capitaneadas por personajes de lo m谩s singulares.

La obra est谩 compuesta por los siguientes cuentos para adultos:

. Las chicas muertas s贸lo quieren divertirse
. Ichor
. Nocturna
. El origen del bosque hueco
. Catarsis

El precio es de 19 鈧 (gastos de env铆o no incluidos) y consta de 392 p谩ginas.

隆Si quieres un ejemplar escribeme! infojameszeta@gmail.com

Est谩ndar
Inter Mundos - James Zeta, Relato

Glorious Box

Como os dec铆a anteriormente Glorious box es una parte fundamental que acompa帽a a estas historias de medianoche.
Concretamente, su m煤sica.
A partir de ahora podr茅is escuchar todo lo que escuchan sus personajes.
Cada vez que ve谩is GB os indicar茅 a qui茅n pertenece.
En este caso:

Irene GB / Las chicas muertas s贸lo quieren divertirse :
Xenia Rubinos – Hair Receding


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. Catarsis .

Los huesos y los gestos, ahora dormitan.

El sabor a humo yace bajo la lengua y se filtra lentamente hasta el interior de los ojos.

El hedor antis茅ptico se extiende por entre los dedos.

Si ten铆a que existir alg煤n motivo para que ella volviese a verle, desde luego era algo que carec铆a de importancia.
El simple hecho de que esa idea rondase de nuevo por su cabeza, era m谩s que suficiente para sentir de nuevo. Para saber que aquel error, ten铆a que volver a repetirse.
Hace dos meses y catorce d铆as, Eliza, se top贸 con el joven y singular error en la esquina de Figueroa.
La noche no parec铆a querer trag谩rsela. Tan s贸lo el aburrimiento la hizo salir a pasear en compa帽铆a de la madrugada.
Nada ocurr铆a de forma ins贸lita, no estaba escrito en ninguna parte.
Un mero encuentro de la mano de la causalidad.
Fue entonces, cuando ella qued贸 prendada.
Al mirarle, el primer sentimiento que experiment贸 fue, miedo. Pero pronto, aquel temor
a lo desconocido se volvi贸, excitaci贸n.
Dos meses y catorce d铆as despu茅s, Eliza, se encuentra frente a 茅l, mientras esperan el ascensor del vest铆bulo en el edificio Worwood.
El exterior no dista lejos de parecer un lugar abandonado.
Desidioso, t茅trico, descuidado, la mayor parte de las columnas en los laterales de cada ventana est谩n algo m谩s que agrietadas por el paso del tiempo.
La entrada sin embargo hace alarde de lo que anta帽o fue uno de los hoteles m谩s reconocidos.
Un extenso pasillo desde el atrio cuyos suelos y paredes, que var铆an entre tonalidades negras, rojas y grises, se muestran orgullosas habiendo nacido del m谩s puro m谩rmol de carrara.
Las 煤nicas luces emergen gr谩cilmente de los veinte faroles repartidos a lo largo de todo el pasillo, de tal modo que siempre parece estar anocheciendo.
Y al final de aquella estancia, el ascensor, apunto de recoger a Eliza y al joven,

se帽or

Worwood.

La solidez y la quietud preceden al joven.
Joven y a pesar de ello su rostro transmite una inquietante madurez f铆sica.
No por sus facciones ni sus gestos, sino por la propia incertidumbre que despide la serenidad y dureza con que mira.
脡l es el due帽o y 煤nico inquilino de todo el edificio.
Vuelve con la mano izquierda su media melena corta hacia atr谩s.
Es el primero en hablar.

-Cu谩nto tiempo dir铆as que ha pasado 驴meses?.
-Lo s茅, lo siento. Ten铆a que haber llamado antes.
-Y 驴Por qu茅 ahora?.
-Supongo que, porque me he dado cuenta de lo que me agobiaba realmente.
No pod铆a dejar de pensar en que estaba, qued谩ndome atr谩s.
Que estaba, perdi茅ndome algo.
Lo hac铆a cada vez que dejaba la mente en blanco. Lleg贸 a ser enfermizo.

Se abren las puertas del ascensor.
Hunde su dedo en el esf茅rico bot贸n n煤mero seis y contin煤an dentro con la conversaci贸n.

-Cuando lo 煤nico que deb铆a hacer era callarme y鈥-

脡l la interrumpe.

-Y dejar de pensar en qu茅 har谩s con tu vida. Y prenderle fuego al futuro.
驴Se te han agotado ya las excusas para venir hasta aqu铆?.

Aqu茅l instante da lugar a un largo y satisfactorio silencio.
Podr铆an desviar la mirada a cualquier esquina del peque帽o habit谩culo, o titubear con alguna monoton铆a mientras ascienden, sin embargo todo se entrecruza atreves de sus ojos.
No necesitan decir nada, porque no hay m谩s que decir.
Atraviesan de forma brusca la puerta del piso, lo hacen pr谩cticamente a ciegas.
Los ojos ya no miran a ninguna parte, pero sus manos y sus labios no dejan de tentarse con vehemencia.
Sus pies parlotean torpemente con el suelo, y estos les llevan, hasta el dormitorio principal.
La mullida cama les sirve para el prop贸sito, por el momento.
Eliza, mientras se acomoda sobre 茅l, se quita r谩pidamente la blusa.
Esboza un leve mordisco del labio inferior mientras el se帽or Worwood aprieta con fuerza sus muslos.
Apoya los brazos sobre su pecho y se asegura de estar en el lugar que corresponde, que nada salvo sus piernas y el movimiento de su cintura dominen al otro cuerpo.
Breves y lentos instantes placenteros cuyos gestos sinuosos la sumergen en el preludio de una respiraci贸n agitada.

Mejor morder profundo.

Mejor morder intenso.

.Fin fragmento I.

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. El origen del bosque hueco .

– 1933 –

Unos chicos corren bajo la lluvia m谩s densa y fuerte que hayan sentido en una noche como 茅sta.
Entran en una caba帽a donde la luz escasea y la poca que hay tintinea de forma constante.
Corren de un lado para otro buscando algo con lo que envolverlo, cuerdas, alg煤n tipo de cinta adhesiva, alambres met谩licos con p煤as y espinas para que nadie pueda cogerlo, bolsas y pl谩stico negro que se encargaron de derretir con velas sobre 茅l.
Quieren asegurarse por todos los medios de que jam谩s nadie lo encuentre.

-驴Por qu茅 no lo quemaste y ya est谩?.
-驴Y crees que no lo he intentado? 隆No se puede! No, no se puede destruir de ninguna manera, as铆 que p谩same el alambre, coge la pala y v谩monos de una vez.

Van en el coche lo m谩s r谩pido posible e intentan no chocar contra nada hasta las afueras de la ciudad.
Casi se destrozan contra un 谩rbol al parar en las estribaciones de un p谩ramo verdoso.
Van colina abajo buscando el punto m谩s profundo para cavar.
Y all铆 se colocan intentando no ahogarse por la lluvia y poder esconderlo.
Necesitan saber que no va a volver a aparecer en sus vidas ni le va a dar de nuevo la luz del sol.
Necesitan enterrar de una vez por todas, ese, maldito, libro.

Hoy

Son claros los recuerdos que albergo de esta vieja ciudad cuando era ni帽o.
Tengo muy presente ciertos detalles, sobre todo que me entreten铆a con facilidad.
Pasaba el d铆a brincando entre los 谩rboles, corriendo de un lado a otro sin sentido ni objetivo m谩s que el de engullir la brisa a帽eja que galopaba entre los troncos.
脡sta peque帽a ciudad rodeada de bosques y acantilados consta de apenas 2.907 personas seg煤n el 煤ltimo censo.
Cuando estaba en el centro del casi pueblo, con lo que m谩s disfrutaba era cuando mi madre me mandaba a comprar onzas de chocolate y t茅 a la vieja botica del se帽or Mart铆n.
El interior estaba tallado por completo en madera de roble, desde el techo hasta las estanter铆as de especias y otros recipientes que nunca supe lo que conten铆an.
Cuando entraba, 茅l no sol铆a estar presente.
La mayor铆a de tiendas que hab铆a repartidas por la zona estaban a cargo de los colosales ladridos de un perro, o quiz谩 una peque帽a campanita situada en el marco de la entrada que tintineaba si la puerta se abr铆a.
Sin embargo el se帽or Mart铆n ten铆a otra clase de compa帽铆a morando en su tienda.

-La primera vez que fui all铆 me result贸 muy desconcertante, todo estaba en completo silencio y al no ver a nadie sobre el mostrador, me qued茅 unos segundos de m谩s clavado en la entrada.
Me apart茅 el pelo de la cara y decidido empec茅 a husmear por los rincones.
Sobre el mostrador una jaula de piedra formada por unos estrechos barrotes y en su interior, un diminuto grillo negro. Al principio pens茅 que era un juguete, porque reluc铆a bastante y no se mov铆a en absoluto.
Segu铆 merodeando cerca de 茅l y me top茅 con un mortero que conten铆a pepitas de chocolate blanco, chocolate negro y algo que ol铆a a naranjas.
El aroma se antojaba tan apetitoso que no pude contener las ganas ni frenar mi mano.
Y justo en el momento en que me llev茅 un par de semillas a la boca, el grillo alarde贸 apuntando con sus antenas hacia arriba, mostrando su torso estirado y desde lo m谩s profundo de su abdomen, cogi贸 fuerzas, frot贸 y alete贸 y empez贸 a chirriar con fuerza.
Ni dos segundos m谩s tarde aparec铆a de la trastienda con total serenidad el se帽or Mart铆n que siempre respond铆a con una mueca alegre: 鈥淐uando quieras algo de mi tienda, s贸lo tienes que ped铆rselo, a 茅l鈥.
Era tan ni帽o y tan bobo que me lo qued茅 mirando ensimismado sin decir palabra alguna.
Mi cabeza tiende a acordarse de peque帽os detalles como 茅stos inofensivos recuerdos.
M谩s adelante la ciudad segu铆a siendo la misma y poco m谩s pod铆a descubrirse hasta que uno no ten铆a una cierta edad.
Normalmente la gente acude a estos sitios para relajarse del ajetreo mundano.
Para estar un tiempo de vacaciones y luego regresar al hogar.
Pero echo la vista atr谩s y nosotros siempre ven铆amos en 茅pocas completamente dispares.
A veces incluso continu谩bamos aqu铆 durante el resto del a帽o.
Porque tengo recuerdos de 茅ste lugar en todas las estaciones, pero ninguno tan claro como en 茅ste 煤ltimo oto帽o en el que cumpl铆 los veinticuatro.
Sobre todo estando aqu铆 de vuelta otra vez, aunque la ciudad tenga un color diferente.
Todo era muy distinto hasta hace unas pocas semanas cuando llegu茅.
Y ahora voy de acompa帽ante en este coche destartalado sin saber muy bien c贸mo reaccionar茅 cuando llegue. Porque una parte de m铆 no se cree nada de esto.
Una parte de m铆, sigue sin creer que la haya matado.

. Fin fragmento I .

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. Nocturna .

James Zeta

…La f谩brica demanda muchas horas de trabajo y le hace imposible tener cualquier tipo de vida, incluso las imaginarias.
Toda la ma帽ana hasta bien entrada la tarde de trabajo, regresa a casa a comer algo y descansar unas pocas horas y el resto, es todo suyo.
Deambula con el pat铆n como 煤nica y exclusiva compa帽铆a.
Tan s贸lo puede disfrutar un poco de la nocturnidad, por suerte es algo que ama.
Apenas gente en los alrededores, la mayor铆a de los comercios est谩n cerrados y pocos son los ruidos que puedan perturbarle.
Tan s贸lo el desgaste de sus ruedas de poliuretano contra el asfalto, el cuidado constante de no caerse por el suelo resbaladizo debido a la nieve. Y aun as铆 se siente relajado por completo, algo m谩s vivo que de costumbre.
Existe un lugar donde se siente plenamente satisfecho por tener m谩s en com煤n con lo que ve all谩 arriba, que con los que respiran aqu铆 abajo.
Si atraviesas el puente de G眉n y llegas hasta la ladera norte de la monta帽a, en las faldas hay una especie de falsa playa con su propia orilla.
Desde all铆, alejado de luces y neblinas puedes ver como las auroras boreales danzan haciendo estremecer el cielo negro.
Jerome las observa, tumbado en aquel lugar donde disfruta de la inmensidad, arropado por el fr铆o de un escenario donde desinhibirse de cualquier pensamiento que le taladre.
Adora disfrutar del silencio de las auroras que le brindan una magn铆fica oportunidad para dejar atr谩s toda idea da帽ina, repetitiva e incoherente que pueda hacerle alg煤n mal.
Cada d铆a鈥

-Apaga el despertador.

鈥s igual鈥

-Apaga el despertador.

鈥 peor鈥

-Apaga el despertador.

鈥ue el anterior.

. Fin fragmento I .

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